QUÉ ES EL SLOW TRAVEL

El movimiento Slow llega para quedarse en nuestras vidas o, al menos, en parte de ellas. A nuestra querida rutina no es que le entusiasme mucho la idea, pero nuestro cuerpo y mente nos lo agradecerán eternamente.

El slow travel no es algo que se haya inventado en el siglo XXI y no es algo que mucha gente no haya practicado antes. Yo misma lo practicaba antes de saber que había una etiqueta para ello.

Las etiquetas que tanto nos gusta crear a las nuevas generaciones pueden tener sus contras, pero una de sus bondades es que permiten que una manera de hacer o de pensar se convierta en un concepto fácil de transmitirse de persona en persona. En definitiva, hace más fácil que una idea pueda expandirse.

La creación de dicha etiqueta se la debemos a Carlo Petrini, el cual formó parte de una campaña que se hizo en contra de la apertura de un McDonals en la Plaza España de Roma. De ahí se fundó el movimiento Slow Food, los objetivos principales del cual son preservar la comida tradicional con ingredientes de la región así como promocionar los pequeños negocios gastronómicos locales.

El concepto slow food se extendió como la espuma a otros aspectos de nuestras vidas, uno de ellos, el viajar.

Paseo por los alrededores de Borén (Cataluña)

QUÉ ES EL SLOW TRAVEL

El slow travel es una manera de pensar, una actitud, una filosofía. Para el slow traveler, aprovechar el viaje no es sinónimo de llenar el calendario y las horas de actividades y visitas, sino que significa tener tiempo para caminar y explorar el entorno más cercano, saborear la cultura y la rutina local, darle prioridad a la calidad antes que a la cantidad.

No se trata de esquivar todas las atracciones turísticas, sino de escoger conscientemente en qué atracciones queremos invertir nuestro tiempo. También se trata de disfrutar de lo que nos rodea en cada momento, disfrutar de las cosas que nos hagan felices aunque sean las más simples y no estén dentro del top 10 de la guía que nos hemos comprado o en esa foto tan popular de Instagram.

Para viajar según esta filosofía es importante destinar tiempo a pasear, conocer el entorno y, último pero no menos importante, a improvisar. Improvisar según el tiempo. Improvisar según lo que os apetezca. Improvisar según las nuevas experiencias que vayan surgiendo durante el viaje.

Otra de las claves del slow travel es ser responsable con el entorno y la comunidad local y ser consciente de cómo viajamos y la huella que dejamos. Para practicar un turismo responsable con los animales, en mi artículo “Turismo responsable: interactuar con fauna” podéis encontrar una herramienta muy útil.

5 IDEAS EQUIVOCADAS SOBRE EL SLOW TRAVEL

Se Necesita tiempo

El slow travel se puede incluir en cualquier plan porque, como os comentaba al inicio del artículo, es una actitud. No es importante cuánto tiempo tienes sino cómo inviertes ese tiempo del que dispones.

No se hacen planes

Sí que se hacen planes, pero son planes donde no se acumulan visitas y lugares hasta la saciedad; hay una previa selección de lo que más deseas visitar según tus o vuestras preferencias personales y se deja un margen al cambio y a la improvisación.

Se refiere a destinos de sol y playa

Si habéis leído este artículo ya sabréis que el concepto slow travel no se refiere a relajarse, estirarse en una hamaca y beber un mojito mientras el tiempo pasa. Puedes visitar los Pirineos y practicar el slow travel.

Tienes que irte lejos para practicarlo

El slow travel es una filosofía que os puede acompañar en cualquier momento y en cualquier lugar, ¡También cuando se trata de visitar nuestra propia localidad!

Pierdes el tiempo

Para el slow traveler viajar así no es sinónimo de perder el tiempo; al contrario, es sinónimo de sacarle el máximo partido. De nuevo, no se trata de la cantidad sino de la calidad.

PORQUÉ ME ENCANTA EL SLOW TRAVEL

Lo reconozco, soy una persona nerviosa. La primera vez que alguien me dijo “eres nerviosa” me quedé alucinando. ¿Lo soy? Me preguntaba a mí misma. Y sí, lo era y lo soy.

Cuando empecé a viajar descubrí que en ese momento no me sentía impaciente, tampoco nerviosa, y que vivía mucho más el ahora. Será por eso, tal vez, que me gusta tanto viajar.

Me encanta la filosofía del slow travel porque me hace ser flexible y no agobiarme por todo lo que tendría que visitar; me permite disfrutar de paseos, del entorno en el que me alojo; tener tiempo para buscar un buen restaurante local o disfrutar de una buena sombra. Y todo esto sin tener la sensación de que me estoy perdiendo algo porque, en realidad, estoy ganando.

Si os apetece leer un poco más sobre este concepto, aquí os dejo 7 consejos para practicar el slow travel.

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